¡Libres!

Por: Sara Galico

El maratón arranca unas semanas antes de la fiesta, cuando llega el momento de hacer la famosa limpieza de Pésaj. Con el pretexto de buscar migajas de pan, nos disponemos a abrir los espacios ocultos de la casa, y en una búsqueda desenfrenada, encontramos todas las cosas que alguna vez almacenamos. Una corcholata, tal vez para el proyecto de arte de los niños. Un tornillo del refrigerador que tiene 17 años y nunca nos ha sido útil. La tapa vieja de la licuadora rota. El abrelatas oxidado y sin filo. Y las decenas de tuppersque se quedaron sin pareja (falta la tapa o falta el tupper). Todavía sientes miedo: ¿Y si lo necesito después? ¿Y si finalmente mis hijos me traen la tapa del recipiente? ¿Y si alguien un día me pide un libro forrado de corcholatas? ¿Y si se descompone mi refrigerador y lo único que lo puede salvar es “El Tornillo”? 

Decides tirar el abrelatas, y cierras nuevamente ese obscuro espacio de la despensa. Vas al trinchador y te preguntas: ¿Finalmente este año usaré la vajilla fina, finísima, destinada solamente para comer con los consuegros, o con la reina de Inglaterra? Cierras el trinchador. 

Y así, vas recorriendo todos los espacios de tu casa, reafirmando tu apego a la basura acumulada. Inviertes un millón de horas en la limpieza, y la casa termina luciendo exactamente igual que cuando empezaste.

Decides avanzar con tus tareas, y le hablas a la señora del kipe. Cuando le preguntas si puede venir esta semana, se ríe de ti y se disculpa porque está ocupada desde enero. Te ofrece una cita para junio, y te sugiere que la apartes, porque luego se llena su calendario nuevamente para Rosh Hashaná. Así que te quedas sin kipe, ese recurso inalcanzable para las mujeres que dejamos todo para último momento.

Respiras hondo, y vas hablando a la carnicería, porque también te ha tocado la escasez de pollo durante las fiestas. ¿Ternera? ¡Ni en tus sueños más locos! Las señoras organizadas hicieron sus pedidos desde hace un mes. 

Encuentras matzáen Costco, por lo que aprovechas y compras ocho cajas (cuatro amarillas y cuatro azules). Ni siquiera estás enterada del estatus actual sobre el debate de la kashrut de las marcas de matzot, así que compras lo que encuentras, porque si te esperas a buscar la que apareció en las listas de la Comunidad, te quedas sin matzá.

Sin kipe, sin pollo y sin matzá.

Los preparativos terminan, y por fin llega la fiesta, con dos Seders y dos comidas. En ese momento comienza la tensa negociación con el marido. La disfuncionalidad de las familias te obliga a repartir las noches y las comidas de una forma justa y equitativa. Si de plano no salen las cuentas, siempre existe la posibilidad de ir a casa de X a comer, y luego pasamos al café con Y, y cerramos cenando con Z. En fin, que terminas la semana empachada, con una indigestión terrible, pero feliz de haber cumplido con todo y con todos (aunque invariablemente algún familiar terminará ofendido).

Además de su carácter religioso y espiritual, nuestras festividades judías son muy importantes también para la preservación de las tradiciones y bla, bla, bla… pero a quién queremos engañar, las fiestas son para comer. Así festejamos los judíos que no hemos sido aniquilados. La comida es el epicentro de muchas de nuestras celebraciones.

Pero cuando nos topamos con Pésaj, tenemos que ser especialmente creativas con nuestras recetas. Y es que el ingrediente principal de la fiesta es un cartón corrugado insípido, duro y seco, llamado matzá. Pero los ingredientes que la acompañan durante el Séder tampoco son espectaculares: apio con agua salada, hierbas amargas, huevo duro, pata de pollo, pescado, lechuga y haroset. Seamos sinceros, nadie en su sano juicio pondría esos ingredientes combinados en el centro de una mesa festiva, pero en Pésaj los comemos con gusto. Incluso nos deleitamos con un sándwich improvisado con algunos de esos alimentos. De hecho, en mi opinión, es la parte más deliciosa del Séder.

¿Y cómo no lo va a ser, si llevamos muertos de hambre dos horas esperando a que todos los hombres de la familia reciten el Misharotam;a que los niños lean, letra por letra, las cuatro preguntas; y a que las mujeres solteras caminen, a ciegas, con una palangana llena de vino del comedor al baño más cercano?

Después de cenar, los chiquillos buscan el afikomán. En realidad, la intención siempre es esconder uno, pero los perdedores empiezan a hacer un berrinche tremendo, y le ruegan al abuelo para que esconda un segundo, tercero, cuarto afikomán… Nadie puede culpar a los niños por el berrinche; finalmente son las doce de la madrugada y llevan controlando sus impulsos las dos horas que duró el Séder. Fueron obligados a comer, aunque sea una “probadita”, de todo lo que había en la kehará. Tuvieron que leer en voz alta frente a los primos burlones, y saludar a todas las tías que les plantaron un beso rojo en el cachete, mientras repetían emocionadas: “¡Qué grande estaaaaaaaaás!, ¡Abal kil`sene!”

Y así, pasan ocho días de fiestas, comida, matzá, familia y malestar estomacal, que nos recuerdan el valor central de la festividad: la libertad. Pésaj es la celebración dedicada a recordar nuestra emancipación de Egipto, y a honrar nuestra autodeterminación como nación judía. 

Y tras siglos de vivir bajo la amenaza de la opresión y la persecución, hoy la libertad está consagrada como un derecho humano inalienable para toda la humanidad. Y si bien la amenaza de una esclavitud física para nuestro pueblo tiende a desvanecerse por el retrovisor de la historia, desafortunadamente, aun existen muchos pueblos y sociedades que siguen viviendo bajo el yugo del totalitarismo y la represión. En demasiados lugares del mundo, la libertad sigue siendo tarea pendiente.

Pero en México, hoy gozamos de libertad de culto y de conciencia, de expresión y de elección, libertad para actuar según nuestros valores, criterios, razón y voluntad. Por ello debemos estar agradecidos.

Así que, con todo y nuestro maratón de costumbres y tradiciones de Pésaj, gracias a D’os podemos celebrarla en plenitud con nuestros seres queridos. ¡Somos libres, libres, LIBRES! 

Photo by Bayu jefri on Pexels.com


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s