Querida dieta,

Por: Sara Galico

No eres tú, soy yo, y por primera vez en 15 años mi propósito este enero no es bajar de peso.  No, no creas que logré cumplir con mi objetivo milenario de llegar a mi peso ideal. Incluso me siento gordita, a veces incomoda. Borro el 90% de las fotos que me toman porque salgo cachetona, y evito ponerme el temido traje de baño porque a pesar de hacer mi mejor esfuerzo en meter la panza, no se va a ningún lado. Cuando voy de compras entro al probador con diez prendas y salgo con una, generalmente zapatos. Me dirijo hacia la caja con la moral baja y la autoestima atropellada. Viendo feo a los maniquíes por prometer lo imposible.

Me rindo: Gordura 1, Sara 0. Me declaro incompetente ante esta lucha, perdedora de una batalla que ha drenado mi mente, consumido mi dinero, mermado mi energía. Que se ha robado horas de frustrantes pláticas sobre la “mejor dieta”, y millones de viajes a la báscula que desencadenaron enojo, pensamientos negativos e incluso lágrimas.

¡Si, definitivamente me rindo!

Tal vez lo hago porque tomé un curso de nutrición intuitiva que me enseñó a escuchar a mi cuerpo y no a mi ego. Tal vez porque he leído y escuchado nuevas voces anti-dieta que han resonado en mi interior. Tal vez porque estoy por cumplir 40 y ya empieza a importarme poco lo que la gente opine de mí. Tal vez porque entiendo que a mi edad el cuerpo vuelve a cambiar, empieza a envejecer, y me parece inútil luchar en contra de la naturaleza.
Tal vez este año, tras la muerte de una amiga entendí que envejecer no es un castigo, es más bien un privilegio y lo quiero hacer con placer.

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Foto @plumamex

 

O tal vez porque simplemente no estoy dispuesta a pagar el precio por ser flaca.
Vivir en la privación no me gusta. Evitar las cosas que me hacen feliz, no me hace sentido.

Valoro sentarme a desayunar rico con mis amigas y compartir el panqué de matcha, o comer milanesas empanizadas con mis hijos y ocasionalmente cenar papitas con mi esposo mientras vemos Netflix. Valoro que mis alumnos me compartan “porquerías” a la hora del recreo. O pedir postre cuando salgo a un restaurante. Valoro tomar café hasta salir temblando con sobredosis de cafeína. Valoro la fiesta, el tequila y el mezcal. ¡Y el chocolate!

Y no mi estimada, no me amenaces con la obesidad inminente. Entiendo que es un problema de salud enorme que amenaza la calidad de vida de millones de personas, que provoca diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. No pretendo ignorar los riesgos y comer todo lo que me plazca. Voy a seguir comiendo alimentos nutritivos, tomando agua, haciendo ejercicio, y durmiendo mis 8 horas reglamentarias. Voy a encontrar un gris en la escala de blanco y negro.

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Foto: @plumamex

Este año aprendí a amar a mi cuerpo por lo que me ha dado y no por su apariencia. A valorarlo por cumplir sus funciones, por entrarle al quite 3 veces por semana cuando me subo a la caminadora para correr 5 km. Por acompañarme a reír y bailar cuando estoy de pachanga, por regalarme pensamientos críticos e inteligencia. Por permitirme leer maravillosos textos y escribir otros de mi propia cosecha. ¡Por vivir!

A mis 39 años estoy empezando a entender que la belleza va más allá de ser flaca o gorda. Que existen mujeres hermosas de todos los tamaños, y que también existen mujeres espantosas que tienen un cuerpazo. La belleza se rige más por la vibra, la energía, la inteligencia, el sentido del humor y la sonrisa. Las mujeres más hermosas que conozco, no necesariamente son las más flacas.

Porque a nadie, absolutamente a nadie le importa si bajo 5 kilos o me los quedo.

Por toda esta lista de interminables razones, con decenas de pros y ningún contra que valga la pena, voy a hacer el esfuerzo para que a mí ya no me importe tampoco.

Entonces querida dieta: no eres tú, soy yo, pero esto ya no está funcionando. Vete a volar otros cielos, o mejor aún, ya deja de ser el verdugo predilecto de las mujeres adultas.

Porque mi propósito para el 2019 es vivir con esta intención. Mantener la voz perversa del prejuicio lo más lejos que pueda. Y ser feliz con la oportunidad de vivir otro año, aunque sea con unos kilitos de más.

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Instagram @plumamex

 

 


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