Maternidad en tiempos de cuarentena

Por: Sara Galico

Hace unos meses recibí la mejor noticia del mundo. ¡Primero D-os voy a ser tía! Mientras festejaba con mi hermano y mi cuñada la alegría tan increíble que sentimos, desperté esas épocas borrosas, casi adornadas con telarañas en mi cerebro, de la etapa del postparto con mis bebés. Recordé pasar largos días en mi casa con ellos, saliendo solamente para lo indispensable, mientras abrazaba y amamantaba a mi bebé. Los horarios no existían. Igual podían ser las dos de la mañana o las cinco de la tarde y me encontraba haciendo exactamente lo mismo: dándole de comer, abrazándolo, cambiándole el pañal, mientras yo devoraba cantidades industriales de cereal. Pues el hambre y la sed eran inhumanas.

No importaba el día de la semana, el único pendiente crucial era “LA” cita con el pediatra. Todo lo demás no existía. Vivía en pants cómodos y pijama, no usaba maquillaje, caminaba en crocs por toda mi casa. Cuando mi esposo regresaba de trabajar, se ponía gel anti-bacterial antes de cargar al bebé. Me ayudaba a bañar y acostar niños en una rutina que parecía eterna.

Hace unos meses, cuando recibí la gran noticia de mi hermano, suspiré, y sentí ilusión mezclada con un toque de nostalgia. Pues por definición, la nostalgia es un anhelo por un pasado que no volverá. Y por un momento quise regresar. Volver a empezar a criar niños. Tenerlos cerca de mí para no perderme ni un segundo.

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Y al parecer mi deseo se cumplió.

¡Sorpresa! La cuarentena se parece muchísimo al posparto. Es una mezcla de terror y aburrimiento. Nuevamente estoy confinada en mi casa, saliendo a la calle únicamente para lo indispensable. Mis bebés tienen 14, 12 y 9, respectivamente. Los días son largos, tensos, exactamente como eran en ese momento. Vivo cansada, ansiosa. Con intensas ganas de llorar, y reír a la vez. No hay absolutamente nada en mi calendario, en un abrir y cerrar de ojos todo se esfumó. Un par de veces a la semana tengo “juntas o clases” por Zoom. Absolutamente todos los que habitamos en mi casa, comemos cantidades industriales de cereal, leche, huevos, pan con queso, quesadillas, fruta, queso panela, queso Oaxaca, queso manchego. No hay día que no tenga que comprar algún tipo de queso, o huevo.    

Vivo en pijama o pants cómodos y me paseo por toda mi casa en las mismas crocs que usaba hace 14 años. Mi ropa estará preocupadísima por mí, pensará que desaparecí. Y cada que volteo a ver mi cosmetiquera, intento recordar incrédulamente si realmente todos los días usaba maquillaje. Con decirles que a veces me baño, y otras veces no.

Afortunadamente ya no cambio pañales, pero recojo calcetines apestosos de adolescentes, que a veces usan desodorante, y otras veces no. Y ya no amamanto, pero eso trae otras complicaciones también. La planeación de la comida. Buscar recetas para variarle y hacer menús para desayunos y comidas por toda la eternidad. Hacer listas de súper, de Costco, de mercado. Salir a recibirlo disfrazada del Sub Comandante Marcos. Desinfectarlo todo y después, recalcular los menús porque el joven de City Market decidió mandar lo que se le pegó la gana. Querías aderezo italiano, tienes mil islas. Pediste atún ahumado, llegó salmón con piel.

Soy mamá de 8 am a 12 am. Y me estoy dando cuenta que soy extremadamente productiva entre la medianoche y las 3 de la madrugada.

La vida durante esta crisis sin precedentes, nos obligó a estar única y exclusivamente con nuestra familia nuclear. Afortunadamente, siempre hemos contado con una “aldea” de personas y servicios que nos han brindado apoyo para la crianza de nuestros niños. Ahora todos ellos, están a distancia. Y durante este confinamiento hemos agregado al currículum especializaciones nuevas. Nos convertimos en maestras de arte y matemáticas, morot de hebreo, teachers, chefs, entrenadoras deportivas, agentes de salubridad, profesionales en soporte técnico, peluqueras, amigas y enemigas de nuestros hijos.

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Nuestra carga mental, emocional y espiritual se encuentra extremadamente saturada. Sin embargo, dentro de esta sinfonía desentonada de sentimientos, constantemente me invito a tomar en cuenta uno mas. La gratitud. Pues esto también, algún día pasará, y volveré a la normalidad. Pero esos trucos de magia que me compartieron, juegos de barajas, luchitas en la alberca inflable, juegos de legos, rompecabezas, y abrazos viendo la tele, también lentamente van a ir desapareciendo. Es la ley de la vida.

Todo termina, incluso la cuarentena pasará a ser un recuerdo en nuestro retrovisor. Ese retrovisor, en el que vivo la nostalgia de la época del posparto, ahora guardará también recuerdos de este confinamiento. Y en él, mis bebés siempre tendrán 14, 12 y 9. Y sentiré un océano inevitable de nostalgia. Espero aprovecharlo, tomar la oportunidad que D-os me brindó de tenerlos cerca y no desperdiciar ni un segundo. Porque todo pasa, y ellos crecen muy rápido.


6 respuestas a “Maternidad en tiempos de cuarentena

  1. Excelente Sary!! Me encantó!! Mis bebés tienen 24, 20 y 16 pero no sabes lo que los estoy disfrutando. Viendo películas de cuando eran chiquitos y con mucha nostalgia de aquellas épocas tal y como lo mencionas!! Te mando besos

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