OMETÉOTL

Por: Sara Galico

 

Recientemente visité Tulum. Pueblo mágico, bastión de la cultura Maya, centro turístico ultra caro. El viaje resultó ser una experiencia deliciosa.

Desde que llegué al hotel, me hacía ojitos el Temazcal. Aclaro que no me gustan las altas temperaturas y cuando me animo a entrar al vapor de un spa, salgo disparada después de cinco minutos porque siento que me ahogo. Por el contrario, a mi esposo le encanta el vapor, pero odia los rituales. Mi hermano, con su audacia incomparable, formuló un plan basado en verdades a medias para convencernos de entrar en el Temazcal. Conmigo omitió la parte de que la temperatura se compararía con la del mismo infierno, y con mi esposo se reservó a explicarle que era “como entrar al vapor del depor”. Sin más preámbulo, nos encontrábamos en la fila para entrar a esa cueva que simula el útero materno.

Llegó el curandero, vestido de rey azteca. ¡Hola “chamán”! Hola, me puedes decir Mickey, me contestó. Amablemente nos dio la bienvenida y me pidió que me hincara, pusiera la frente en la tierra y dijera en voz alta “OMETÉOTL”. Por un momento me dio pavor cometer el pecado de “adorar a otros dioses”, no es broma, es la regla número dos de los “top ten” del judaísmo, pero más pavor me dio encontrarme de rodillas, con la frente en el suelo y en bikini, así que D-os me perdone: “OMETÉOTL” exclamé, y me metí gateando rápidamente a la cueva.

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Atrás de mi entró mi cuñada, orgullosamente española. Después unas típicas turistas con su inconfundible bronceado color camarón. Entró mi hermano, mi esposo (quien por supuesto no se arrodilló ni dijo nada), y Robert y Drew, una pareja de norteamericanos. Mientras nos acomodábamos nerviosos dentro de la cueva, Mickey metía con una pala piedras calientes para iniciar el ritual. Nos explicó que consistía en cuatro estaciones, cada una con un simbolismo diferente, y nos aseguró que saldríamos renovados y purificados.

A la luz de la vela nos presentamos, y agradecimos a D-os (o a cualquier energía en el universo) por la vida, la familia, la salud y la felicidad. Mientras la vela alumbraba noté que una araña me acechaba en la pared de la cueva, caminando junto a mí. Decidí alivianarme, tampoco tenía mucha alternativa. No quería ser la chilanga que mataba a un preciado animalito mientras realizamos una ceremonia con la madre naturaleza. Ahora que lo pienso, no hubiera estado tan mal, los mayas mataban seres humanos para sacarles el corazón…

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Foto @plumamex

El curandero tocó un caracol marino que emitía el mismo sonido que un “shofar”, cerró la puerta con un sarape, apagó la vela y comenzó la primera estación.

 

Nos pasó una cazuela con hojas de sábila para untárnosla en la piel y en el pelo, mientras él vertía más agua en las piedras ardientes. Después, sacó un tambor y cantó canciones en náhuatl, con algunas frases en español. Nos pidió que cantáramos con él, y poco a poco fui dejando mi apatía para darme cuenta que realmente lo estaba disfrutando.

 

En la segunda estación cerré mis ojos y descubrí que mi nahual (animal espiritual) es un lobo. Durante la meditación lo vi parado frente a mí, le entregué mis lágrimas, y se alejó caminando lentamente. El “chamán” nos pasó una cazuela con lodo, me lo unté en todo el cuerpo, y sonreí mientras veía a mi cuñada arruinar su traje de baño blanco. Seguimos cantando muertos de calor.

 

En la tercera estación nos hizo gritar OMETÉOTL tantas veces que se me olvidó por completo el asunto de la profanación. El curandero se preparó para hacernos una limpia. Nos salpicó agua con las hierbas mientras nos cantaba en náhuatl. Nos reíamos nerviosos, aunque disfrutábamos que el agua tibia enjuagara el lodo que ya se nos había secado en la piel.

 

Durante la última estación, mi espalda no pudo más. Me tuve que recargar en la pared, pues llevaba 1:30 minutos sentada en el suelo de una cueva con las piernas cruzadas. El enfrentamiento con Witzy la Araña era un riesgo que debía correr. El curandero salía y entraba, cada vez con más piedras, el calor era insoportable.

 

Cerró la puerta y empezó la cuarta estación con temperaturas comparables al Sol. Casi lloro, casi me muero, estoy segura que la frase “me hierbe la sangre” fue inventada adentro de un Temazcal. Le recé a Huitzilopochtli, a Quetzalcóatl, Tláloc y todas las cabezas Olmecas para que alguien se desmayara y abrieran la puerta de ese maldito infierno. Nadie se desmayó.

 

¡Por fin se terminó!

Salimos de la cueva llenos de plantas, con lodo y sábila en las axilas, con olor a eucalipto, manzanilla, ruda y salvia. Cualquiera nos habría confundido con el monstruo de la laguna, o con los ingredientes de un remedio antigripal. Nos dimos un regaderazo con agua fría y tomamos un caballito de miel de abeja, y un vaso de agua mineral con limón para recuperar los minerales perdidos.

 

OMETÉOTL. Nos despedimos y caminamos cansados de vuelta a la realidad. Mi hermano, orgulloso de habernos metido al Temazcal. Mi cuñada cabizbaja sintiéndose culpable por el asunto de la Conquista. Mi esposo y yo, balanceándonos relajados y muy contentos. Curiosamente me sentía renovada y muy feliz.

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Foto: @plumamex

Ahora que estoy de vuelta en la cuidad sentada frente a mi computadora, con la tensión usual que se apodera de mi espalda cuando estoy estresada, me da lástima pensar que hoy en día la mayoría de los mexicanos experimentamos la cultura del México antiguo como una atracción turística. Y agradezco a los yoguis, hípsters, orgánicos y veganos por haber encontrado la forma de volver cool un ritual milenario espectacular. ¡Los mesoamericanos sabían lo que hacían!

 

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Para Simón.  Los buenos momentos contigo siempre son mejores. Y los malos, son menos peores. Mucha suerte! >Te voy a extrañar cabrón!


2 respuestas a “OMETÉOTL

  1. Extraordinario relato,
    Nunca he estado en un Temazcal y adoro todo tipo de saunas y vapores.
    Aunque como tu marido, también repelo las costumbres paganas.
    Tu narrativa, extraordinaria, me transportaste y empecé a sentir esos sudorosos y relajantes calores. Has colocado en mi bucket list, este must, lo cual te agradezco. Comento hasta el cansancio que perseguimos experiencias por todo el mundo, y tenemos en nuestras narices de las mejores.
    Muchas felicidades!!!

    Me gusta

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