Dos de estrés post-electoral

El momento llegó, finalmente terminaron las benditas/malditas elecciones, las más chonchas e importantes de nuestra historia. El INE se aventó un proceso electoral de campeonato. Habemus presidente electo!

Un breve recuento de lo ocurrido: el proceso electoral se nutrió dividiéndonos, enfatizó las metidas de pata de los honorables candidatos. Se llamaron ladrones, narcos, mentirosos, corruptos, hijos de la tal por cual, etc. Y nosotros, el electorado, desesperados observando su espectáculo entretenido pero carente de propuestas, buscamos al menos piorr. Involucrándonos en redes sociales para jalar el voto útil a nuestro favor.  Hoy, confundidos por las últimas encuestas, desempolvamos la credencial del INE y mandamos fotos en Facebook de nuestra huellita pintada de negro.

¡Por fin se terminó! Nuestro presidente será Andrés Manuel López Obrador.

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Foto de  @plumamex. Síganlo en Instagram, excelente!

Estoy nerviosa, ansiosa. Me sudan las manos al escribir, pero intento mantener una mente positiva. Con el estómago revuelto y ganas de llorar. Tengo miedo. Siento que las desigualdades políticas ahora son tan abismales como las económicas. Caímos en la trampa de la polarización. Las elecciones señalaron que somos enormemente diferentes. ¿Cómo vamos a salir de esta ilusión óptica? Cuando en realidad, efectivamente somos bien diferentes. Los del campo y las ciudades, los del norte y los del sur, los pobres y los ricos, las élites y las masas, los indígenas y güeritos (#pirrurris), la prensa fifí, los pejezombies y la mafia del poder.

aceptar la derrota y con madurez, desearle a nuestro próximo presidente todo lo bueno. Cuando pides “shot” en un aventón y te mandan para atrás, no deseas que el coche se estampe ¿verdad? Te aguantas con el estómago revuelto sacando la nariz por la ventanita, esperando poder ganar el asiento delantero la próxima. Así es la democracia. Esperar, y ponerse abusados para la otra. Haciendo un verdadero análisis de reflexión para entender el proceso y los resultados.

Si por miedo e incertidumbre estás tentado a buscar una nueva patria de residencia, hazlo, pero si no vas en serio, tampoco lo andes divulgando para hacerte el interesante (#notcool). Evitemos el pánico nacional, porque con él, se van las inversiones del país y nos queda un peso devaluado.

Recordemos que al final de cuentas todos somos México y nuestra fuerza nunca ha residido en nuestros gobernantes.

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Foto de @plumamex

Depositemos un voto de confianza en el sistema de contrapesos, en las instituciones, la sociedad civil y las empresas. En el México de hoy el presidente no es un monarca absoluto, y nuestro Congreso tiene representación de varios partidos políticos. Sin embargo, el historiador mexicano, Enrique Krauze, en un artículo publicado por el New York Times en marzo del 2018, sugirió que nuestra democracia es joven, frágil y propensa a la tiranía.

Hoy más que nunca, tenemos que ejercer nuestros derechos democráticos, y hacer un verdadero esfuerzo por respetar la ley (de menos intentarlo). Tal vez con optimismo, reflexión, y trabajo, poniendo un pie adelante del otro, podremos avanzar y alejarnos de la incertidumbre que hoy, 1 de julio, millones de mexicanos sentimos.

“No perdamos nada de nuestro tiempo, quizás los hubo más bellos, pero este es el nuestro”

–Jean Paul Sartre


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