Fatiga informativa

Por: Sara Galico

Dice el dicho en México que “no se puede chiflar y comer pinole”. Confieso que nunca supe lo que era el pinole. Hasta el día de hoy, que lo busqué en Wikipedia. Resulta que es un alimento prehispánico, un polvo elaborado con maíz tostado, endulzado con piloncillo, cacao, canela o azúcar, y que se utiliza para preparar bebidas. Creo que ya desapareció de la dieta del mexicano (tal vez los millennials podrían ponerlo de moda y cobrar ultra-caro por un jugo que contenga maca, polen, espirulina y pinole…).

Pero bueno, siempre entendí que el dicho se refería a que uno debe enfocarse en una sola cosa a la vez, sin atropellarse. Hoy en día, eso parece imposible, y para muestra, el 2019. El año pasado nos dejó completamente exhaustos, preocupados por un millón de cosas a la vez, sintiendo que no estamos logrado nada. Los tiempos actuales son insanos.

Gracias a las benditas/malditas redes sociales, vivimos bombardeados por información: que si la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China, y las posibles repercusiones que podrían impactar al mundo; que si la crisis humanitaria en Venezuela, y el hecho de que Nicolás Maduro sigue en el poder, bendecido por el apoyo de los rusos, semejando un conflicto de Guerra Fría; que si los tiroteos en Estados Unidos (385 durante el 2019, una cifra que ha superado a los años anteriores), y ahora en Coahuila…  Que si el juicio político a Trump, y sus numerosas “trumpadas”. Luego, está el incremento del antisemitismo en Nueva York, y la inseguridad física y moral para las comunidades judías en el Viejo Continente….

También nos enteramos de las protestas en Chile y en Hong Kong; de Evo Morales y su fraude electoral, su posterior asilo en México y después en Argentina; las interminables elecciones en Israel, que si se va Bibi, que si lo meterán al tambo… También hubo protestas en la India, pues el gobierno decidió retirarles la nacionalidad a dos millones de musulmanes. Y luego el Brexit, que es un desastre. La migración, y la separación de las familias en la frontera México- Estados Unidos. Y antes de que se me olvide, la firma del T-MEC entre los países de Norteamérica, el fortalecimiento de la supremacía blanca, y el aumento de los fundamentalismos en general…

En la era digital, estamos expuestos a las noticias todo el santo día y terminamos agotados. Y es que la expectativa es que todo nos debe importar, todo el tiempo.

Tenemos que ir a las marchas por el cambio climático, dejar de usar popotes y bolsas de plástico, estar enterados del genocidio en Myanmar, y de paso, también del de Sudán, dejar de comer carne roja, y boicotear a las empresas que alteran la genética de los alimentos. Cantar “un violador en tu camino” porque #NiUnaMenos, tener cuidado con los fake news, reducir nuestra huella de carbono, y reciclar. Ayudar a los refugiados sirios. Chiflar y comer pinole.

Y si decidimos voltear a ver la situación en nuestro país, el espectáculo es igualmente abrumador. Los 30 mil muertos que generó la violencia este 2019, la explicita división entre “fifís” y “chairos”, el crecimiento económico nulo, la captura del “Chapito” y su liberación tras la toma de Culiacán. La cancelación del aeropuerto de Texcoco. Los feminicidios, los efectos negativos del vaping, el bullying, la contaminación ambiental, la corrupción, y la fragilidad de muchas de nuestras instituciones democráticas.

El diagnóstico, según Wikipedia: Fatiga Informativa, “cuadro sintomático, no reconocido en los manuales médicos, caracterizado por fatiga y cansancio, producto de la exposición, consumo y manejo excesivo de información, que agota física y mentalmente”. 

O lo que es lo mismo: ¡Basta! Literalmente nos vamos a volver locos. 

Photo by Sander Dalhuisen on Pexels.com

No es casualidad que, con la revolución digital, también haya aumentado significativamente la depresión y la ansiedad, especialmente entre los jóvenes. Pues en una época en la que supuestamente tenemos toda la información necesaria para tomar decisiones asertivas, muchas veces nos sentimos paralizados, ya que ésta no ofrece soluciones a nuestros agravios. La información no nos regala una ventana a la justicia y la violencia (en todas sus formas, tiende a multiplicarse). Y nos convencemos de que vivimos en una época caracterizada por el activismo y tolerancia, siempre y cuando nos rodeemos de gente que piensa como nosotros. Son tiempos de polarización.

Creo que, como sociedad, no estamos enfocándonos en lo importante. Vivimos sometidos a constantes distracciones, y si realmente queremos cambiar al mundo, debemos recuperar nuestra salud emocional. 

Intentemos fortalecer los lazos familiares. Enfoquémonos en realizar cambios pequeños pero significativos, que mejoren el bienestar de nuestras comunidades. Busquemos en nuestro corazón, empatía y tolerancia para aquéllos que son diferentes a nosotros. Dialoguemos. Escuchemos. Cambiemos al mundo paulatinamente, un metro cuadrado a la vez, con intención y justicia.

Empezando con nosotros mismos. Tomemos un respiro y trabajemos en construir una década increíble.


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