Carta a mi abuela

Por: Sara Galico

El lunes pasado falleció mi abuela materna. Pasé toda la semana en su casa acompañando a mi mamá, rodeada de mi familia, llorando, riendo, recorriendo cada recuerdo en mi mente. Tomando café turco y comiendo docenas de roscas para bendecir su memoria. Les comparto las palabras que dije en el rezo. Si conocían a mi abuela ya las escucharon, pero si tienen o tuvieron una abuela seguro que van a resonar con ustedes.

Abuelita cómo empezar esta carta. ¿Cómo voy a decirte adiós? Si fuiste una segunda madre para mí, no lo digo en vano. Tu casa siempre fue mi hogar, tus brazos fueron mi refugio. Me apoyabas, me querías, me entendías, me regañabas, nos adorábamos. Siempre tuvimos una conexión muy especial, me decías que yo era tu cuarta hija. Y yo te contestaba que tú eras mi segunda madre.

De tí aprendí que ser una mujer de carácter no es un defecto, que ser determinada es una bendición. 

Cuando era chiquita, te veía como la mujer más fascinante del mundo rellenando kipes con un cigarro en la boca mientras dabas órdenes en la cocina.  Yo pelaba, papas y huevos para la cena de Shabbat. El batallón de primas y tías te ayudaban a orquestar la logística monumental de cada viernes: ¡Ponle sal al huevo, si no es señal de luto! ¡Llévate ese platón y cuidadito que está ardiendo! ¡Pela bien las papas, no les dejes toda la cáscara!… Después fui creciendo y nos volvimos cómplices, y con el perdón de mis tíos y de mi mamá les confieso que las dos nos escondíamos de ustedes para fumarnos un cigarrito hasta hace poco. 

Hoy recorro tu casa y me llena de tristeza saber que ya no estás, saber que por un lado fui muy afortunada de haber tenido a mi abuelita conmigo por 45 años. Realmente es un regalo de D-s y un privilegio que pudiste estar con nosotros tanto tiempo.  Subo las escaleras y recuerdo cuando mis hermanos y yo echábamos carreritas todos los viernes para ver quién llegaba primero a tocar la puerta. Con esa chapa que parece herradura y hace un singular toc. toc. toc. Hoy toque esa puerta, ya no me abriste tú.

Pero quiero que sepas que, a pesar de que nos inunda una profunda tristeza, hoy si estuvieras aquí, viendo tu casa, te llenarías de emoción, de ver todas tus mesas llenas. De hijos, nietos, de bisnietos, de amigos, primos, tíos. Nos diste el significado de lo que es ser una familia grande, de ser una mujer comprometida, que sin falta cada viernes y cada fiesta invitabas y abrías las puertas para que todos pudiéramos disfrutar.

Tu alma se hizo muy grande y le quedaron chicos tus pulmones. Y ahora el cielo está de fiesta y mi abuelo te estará recibiendo como la reina que eres . Disfruta del paraíso abuelita. Yo te llevaré todos los días en mi corazón que hoy esta triste y roto por ti . Gracias por tanto .

Una cosa más te pido, y prometo que es la última, cuídanos desde el cielo y bendice el camino de tu familia. 

Descansa abuela adorada. 


Una respuesta a “Carta a mi abuela

Deja un comentario