180 DÍAS

Por: Sara Galico

¿Te acuerdas de quién eras el 6 de octubre? Cuando terminaste tu cena de Shabat con la familia, después de una semana normal. Sin miedo, sin vulnerabilidad colectiva. Sin lágrimas de desesperación.

¿Te acuerdas de lo que le pedías a D-s antes de dormir? ¿Recuerdas cuáles eran tus plegarias?¿Recuerdas lo que era prender velas de Shabat los viernes por la tarde? ¿Antes de acomodar con tristeza velas adicionales por los rehenes y sus familias, por los muertos, los heridos, y los soldados en combate?

¿Te acuerdas lo que se sentía no rogar por un milagro cada noche? ¡Un milagro bíblico… como el Éxodo de Egipto! Un milagro que no ha llegado…

¿Recuerdas a qué sabía la normalidad, sin sentir un trago amargo en el alma?

¿Te acuerdas de la ilusión de sentirte integrado a un mundo en el que los judíos éramos parte del mosaico cultural? En el que nos sentíamos cobijados por nuestras sociedades, antes de ver los videos de la gente arrancando los posters de niños, ancianos, jóvenes, hombres y mujeres secuestradas, con odio, con coraje. ¿Antes de que sintiéramos que el mundo nos pateaba cuando ya estábamos en el suelo?

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¿Antes de sentir miedo por ver crecer a nuestros hijos en un tsunami de antisemitismo? ¿Antes de saberlos inseguros en los campus universitarios? Previo al silencio ensordecedor de nuestros supuestos aliados y amigos en los chats y en las redes sociales. ¿Antes de atestiguar la indiferencia frente a nuestro sufrimiento? Pero también, ¿te acuerdas del destello de luz que sentiste cuando recibiste una palabra de consuelo, o una muestra de apoyo de los lugares más inesperados? La gratitud cuando escuchaste las palabras “no están solos”.

El 7 de octubre despertamos a un terrible amanecer, y aunque ya pasaron seis meses de que descubrimos la fragilidad, seguimos viendo obscuridad sobre el abismo. Seis meses han sido suficientes para traerme de regreso a mi computadora a escribir estas líneas.

Hoy ser judío se siente diferente. Existe dolor y vulnerabilidad. Pero también existe unión, amor, y un sentido de comunidad sin precedentes. Me acuerdo de quién era el 6 de octubre del 2023, y ahora que el velo de las apariencias desapareció, sé que caminamos con pasos más firmes. Aún no sé a qué puerto llegaremos, ni tampoco quiénes seremos mañana, pero no me queda duda alguna de que vamos con firmeza a enfrentar el destino que nos corresponde. A trazar caminos más sinceros y a enfrentar el mal como lo tuvieron que hacer tantas, tantísimas veces nuestros antepasados.


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