Nadie es indispensable, excepto el Archiduque

Por: Sara Galico

Escuchamos constantemente en el ámbito laboral que nadie es indispensable y que absolutamente todos somos remplazables. Y aunque a veces fantaseamos con la ilusión de que nuestra ausencia en este planeta causaría un caos indescriptible, la realidad es que la vida seguiría su curso.


A través de la historia han existido ciertos asesinatos que parecieron cambiar la ruta de la historia. Martin Luther King Jr, JFK, Colosio, Rabin. También los asesinatos cometidos por “La Familia Manson”, Jack el destripador, la masacre en Columbine. Todos éstos escandalizaron, aterrorizaron y modificaron ciertas instancias. Aceleraron procesos que se venían gestando con el tiempo, deterioraron las instituciones existentes y modificaron las estructuras de poder.


En este análisis por encontrar algún asesinato que haya cambiado al mundo, puedo atreverme a sugerir que solamente encontré uno: el del Archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, que desencadenó una serie de eventos que finalmente desembocaron en dos guerras mundiales. Y que definitivamente, marcaron una ruta distinta para la humanidad.


El Archiduque, quien sufrió de tuberculosis cuando era joven tenía pulmones sumamente delicados, era un gran cazador, y había matado ya a 300,000 animales. Era terco como una mula, y tenía un temperamento de los mil demonios. Contrajo matrimonio con la Condesa Sophia de Bohemia, una mujer que no tenía el rango para casarse con un Archiduque. Además, a Francisco le gustaba mover las aguas y creía que las formas arcaicas del Imperio Austrohúngaro tenían que renovarse para poder subsistir. Su tío, el Emperador en turno se sentía confrontado y amenazado por estas ideas de modernidad que quería implementar su sobrino.


Francisco Fernando tenía la intención de modernizar las fuerzas navales, otorgar el voto universal (para todos excepto para las mujeres) y afianzar los lazos de paz con el Imperio Ruso. Pero sobre todas las cosas, era un hombre de familia. Amaba a su esposa y a sus hijos, tras recibir el impacto de bala que lo mató, le dijo a su esposa: “No te mueras Shoperl, vive por los niños”.

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Pero la súplica desesperada del heredero del trono a su esposa fue en vano, porque ambos murieron ese día de julio de 1914, acribillados en su coche en Sarajevo, a manos de Gavrilo Princip, miembro de un grupo terrorista serbio. El asesinato de Francisco Fernando desató la furia del Emperador Austrohúngaro, quién lanzó un ultimátum a la zona de los Balcanes (territorio que ha sido caracterizado por ser un semillero de conflictos internacionales), para su sometimiento a las fuerzas imperiales.


El conflicto escaló rápidamente, pues los serbios tenían el apoyo de los rusos, quienes a su vez habían pactado alianzas con Gran Bretaña y Francia. Y los austrohúngaros sumaron el apoyo de los alemanes e italianos. El 28 de julio de 1914, declararon la guerra y con ello comenzó el conflicto armado más feroz conocido en la historia de la humanidad, hasta ese momento, desmoronando la paz que se sostenía con fragilidad en Europa.

Las causas de la Primera Guerra Mundial fueron heterogéneas, y con el Imperialismo y la Revolución Industrial venían deteriorándose las relaciones entre los vecinos europeos. Todos buscaban obtener más y mejores colonias en África, Asia y el Medio Oriente para poder explotar sus recursos naturales, su mano de obra barata, las rutas comerciales y los mercados internacionales a su favor. Se orientaban hacia la hegemonía total para establecerse como potencias regionales, y hacían uso de la militarización de sus economías para alcanzar sus objetivos.


El asesinato de Francisco Fernando fue la gota que derramó el vaso de un manojo de tensiones que venían construyéndose por décadas, y demostró que los imperios ya no podían sostenerse en un mundo invadido por nuevas tecnologías, mientras que las minorías se abrían paso a la creación de estados independientes impregnados de nacionalismo.

Durante la Primera Guerra Mundial los estados utilizaron a todos los ciudadanos disponibles para luchar en las terribles trincheras, convirtiéndolo en el primer conflicto peleado por las masas, además de que aprovecharon la capacidad productiva de su industria pesada y los avances tecnológicos de la modernidad para lograr mayor destrucción.


Tras cuatro años de lucha, devastación humana, económica, política y natural, el continente europeo quedó completamente destruido, mutilado, destrozado. Aprovechando la debilidad del viejo continente, surgieron dos nuevas potencias, Estados Unidos y Japón, quienes supieron capitalizar su situación geográfica y entender la nueva construcción de un mundo que era diferente al que la guerra había dejado atrás.

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La guerra devastó al Imperio Ruso de los zares y dio paso al surgimiento del Comunismo, destruyó a los Imperios Austrohúngaro y Otomano, y cosechó mayor resentimiento en los alemanes en contra de sus vecinos. Las condiciones de rendición impuestas a Alemania bajo el Tratado de Versalles fueron humillantes y la sed de venganza los motivó a contemplar el nazismo como una alternativa de prosperidad, reivindicación social y orgullo nacional.

Después de la Primera Guerra Mundial llegó Hitler al poder, quien desató la Segunda Guerra Mundial. Y el conflicto fue más violento, más trágico y devastador aún. Tanto así, que Europa quedó imposibilitada por el resto del siglo XX. En mi opinión, dejó de ser la cuna de la civilización y se convirtió en el continente que alberga odios profundos entre vecinos, y en un cementerio de rivalidades nacionales enterradas. En un bloque regional que sigue buscando encontrar la relevancia internacional añorada y en un mapa cada vez más fragmentado.

Y el asesinato de Francisco Fernando fue la chispa adecuada para incendiarlo todo. Tal vez si hubiera vivido, hubiera tomado el trono en 1916, y hubiera estrechado alianzas con los rusos, y comenzado un proceso de
democratización para darle voz y voto a las minorías. Tal vez hubiera muerto de viejo, junto a su amada Sophia rodeado de sus hijos.


Pero en historia no existe el hubiera, y su asesinato en 1914 provocó la muerte de más de 70 millones de personas, cambió la geopolítica internacional, y marcó una ruta distinta en la historia de la humanidad.


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