El Gran Confinamiento

Por: Sara Galico

Nuevamente les escribo desde el gran confinamiento. Mucho más acostumbrada y resignada. Comprobando que los seres humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a casi todo. Volvemos a hacer rutinas y rituales dentro de nuestras nuevas circunstancias, pues nuestro cerebro necesita cordura. “Siento que estoy soñando”, me confesó mi hijo. Aproveché la oportunidad para preguntarle, ¿si esto fuera un sueño, sería uno bonito o una pesadilla? Su respuesta me dejó helada: todavía no sé.

Lo entiendo, lo que estamos viviendo pareciera ciencia ficción. Las calles del mundo desiertas, los restaurantes cerrados, los cielos azules, las imágenes de animales caminando en las ciudades, o volviendo a las playas. Las estadísticas terribles, hospitales llenos de enfermos que no pueden ser atendidos adecuadamente. Despidos masivos y gobiernos incapaces de contener la crisis…

Nos vamos a la cama angustiados, pensando en nuestras preocupaciones económicas. Rezamos por salir bien librados de esta emergencia sanitaria. Y nos despertamos para ver una pantalla de celular que sigue anunciando malas noticias. Números negros de muertes, contagios, despidos, discriminación y violencia.

Yo empiezo a sentirme ansiosa, pues supuestamente estamos próximos a salir de nuestras casas. Eso dicen, y luego se contradicen. El pico fue ayer, no, es hoy… uy no… será la próxima semana. Dependemos de buena información para reducir los riesgos y tomar decisiones acertadas. Pero no podemos confiar en ella, pues es extremadamente contradictoria, sesgada, irresponsable y nefasta.

Nuestra realidad se puede reducir en una sola palabra: INCERTIDUMBRE. En ninguna de nuestras planeaciones estratégicas, en las que teníamos todo absolutamente controlado, nos imaginamos que un bicho indomable nos vendría a partir la cara.

Lo único que sabemos, es que nos tocó vivir una terrible pandemia y que nuestra vida cambió un 13 de marzo. Tenemos meses sin ver personalmente a nuestros papás y abuelos, sin salir a trabajar o sentarnos en un restaurante. Nuestros sueldos disminuyeron (si es que todavía somos afortunados en tener empleos), nuestras presiones económicas aumentaron dramáticamente, y no sabemos cuándo volveremos a conciliar un sueño tranquilo.

Antes de que llegara este extraño enemigo, ya estábamos en problemas. La Tierra estaba agotada de tener que lidiar con nosotros, nos convertimos en una especie que dejó de ser sustentable, que creció exponencialmente y arrasó con todos los recursos naturales desechando islas de plástico en los mares.

¿Será ésta la respuesta de la naturaleza para neutralizarnos? Poco le importa a ella nuestra situación económica, o nuestro entretenimiento. Me supongo que le vale gorro el desempleo, la pobreza, el crimen y nuestro sueño profundo. La Tierra quiere subsistir, y permanecer. Quiere encontrar un equilibrio funcional. Y nosotros, los humanos, somos expertos en romperlo. Ahora la naturaleza descansa de nosotros, pues las emisiones de carbono por fin están disminuyendo y la contaminación ha enmendado.

Como humanidad tampoco supimos encontrar un balance entre nosotros. La lucha desenfrenada por el dinero y el consumo, nos volvió ajenos a la igualdad y la justicia. Y esa factura tampoco va a tardar en ser cobrada. Los países que carecían de estabilidad social, económica y política, serán los más golpeados ante esta situación. La pandemia afectará la economía mundial y empobrecerá más a todo el mundo, principalmente a las clases marginadas.

La pandemia nos invita a reflexionar. ¿Seremos los mismos cuando termine este capítulo? ¿Cuándo el Covid-19 termine de romper, maltratar y devastar? ¿Cambiará la humanidad?

Tal vez será por romántica, o ilusa, pero realmente espero que si logremos encontrar una nueva relación mucho más sustentable con la naturaleza. Que las compañías que impulsan el capitalismo no nos vuelvan a engatusar haciéndonos creer que solamente existimos a través de nuestro consumo.

Espero que nuestros gobiernos entiendan que los sistemas de salud no pueden ser rezagados irresponsablemente. Y que brindar información certera es indispensable para superar las crisis. Que aprendan que la desinformación y las “verdades alternas” hicieron pedazos la credibilidad de las instituciones, y causaron muchas muertes.

Espero que entendamos que la desigualdad y la falta de justicia social son problemas que nos conciernen a todos. Y que recordemos siempre, las muestras de solidaridad y apoyo que encontramos durante estos meses.

Tal vez será por soñadora, o por entusiasta, pero espero que las pérdidas se conviertan en los cimientos para crear mejores seres humanos y que los contagios y la pobreza no hayan sido en vano. Que en nuestra conciencia, podamos rendir cuentas a las 500 mil personas que han perecido (hasta ahora), y con la frente en alto platicarles que sus muertes tendrán un significado global para la humanidad.

Pues sí, tal vez seré romántica, e ilusa, soñadora y entusiasta. Aunque en el fondo creo, con certeza angustiante, que desafortunadamente no cambiará nada. Que intentaremos olvidar y volver.


2 respuestas a “El Gran Confinamiento

  1. Concuerdo contigo, es muy loco decir esto pero, solo tal vez, este virus llego a nosotros para darnos una nueva oportunidad de reinventarnos.

    En verdad el covid 19 no es para nada preocupante en cuanto a la enfermedad en si. Dirás, qué onda contigo, ¿estas loco? ¿No has visto la cantidad de contagios? Si, lo sé, es algo terrible, pero el contexto es mucho más grande de lo que parece. Este virus nos esta destruyendo sin armas, sin violencia, ni si quiera tenemos que estar infectados para sufrir las consecuencias… depresión, ansiedad, miedo, estrés, soledad, etc…. Son tan solo algunos ejemplos. En breve, nos volvemos locos.
    Es algo simplemente perfecto, un Apocalipsis (mental) silencioso 🤫
    Algo que te mata poco a poco, pero no lo sientes.

    Como mencionaste en el artículo, el ser humano es capaz de adaptarse ante cualquier situación, es increíble pero ya se volvió una rutina “cotidiana”. Algo que me parece sumamente importante y que no hemos aprendido hacer es aprender de los errores, a lo que me refiero, este virus vino como “balde de agua” para que la humanidad reflexione, es una nueva, si no es que una última oportunidad de cambiar las cosas , porque como dijo Napoleón, quien no conoce la historia, está condenado a repetirla.

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